Cuando pequeña solía deshojar margaritas, o todo lo que me diera la oportunidad de involucrar la probabilidad o el azar para definir entre dos opciones: ¿me quiere, no me quiere? Voy, no voy?. como si las decisiones se basan en algo tan fortuito; y eso, no se imaginan la algarabía cuando esa última hoja representaba el Si, a lo que sea que preguntara.

Al crecer, entendí que se acabó este método y las decisiones que tomes en la vida, pueden provocar consecuencias capaces de elevarte o enterrarte para siempre, y les aseguro, que todo esto depende de algo más que el número de hojas que por casualidad porta esa flor y en este período de confinamiento que estamos todos,

les invito a reflexionar, no solamente sobre las decisiones que has tomado, o en las que tienes por delante, sino también, consideres antes de tomarlas, las consecuencias que estas pueden traerte y te comparto una clasificación que respaldo con la palabra:

Consecuencias radicales. Esas que dejan en ti un efecto drástico, irreversible, se manifiesta una pérdida de libertad, de algún beneficio o simplemente te mandan al lado contrario del camino de ibas. Un ejemplo bíblico, Moisés, tantos años de preparación, de liderazgo, superándose a sí mismo para poder servirle a Dios.

Él había visto la manifestación de la gloria misma de Dios en varios escenarios, pero un día, movido bajo los efectos de la impotencia que le provocaba el pueblo que lideraba, desobedeció a Dios y en vez de hablarle a una peña, la golpeó (Núm.20). Resultados: le costó su pase a la tierra prometida. Si, después de experimentar y superar tanto, un desliz en una forma de reaccionar, robó su boleto VIP a la tierra que solo pudo contemplar  desde lejos antes de su muerte.

Consecuencias Necias. Son aquellas que llegan cuando te desenfocas de tus objetivos, y rompes las reglas y  principios que tú muy bien conoces, pero te dejaste envolver por la presión, por la empatía o algo circunstancial.

Ejemplo: Josué y el pacto con los Gabaonitas (Js. 9), recibe en el campamento unos usurpados, y dejándose llevar de la apariencia, no consultaron a Dios. La mujer de Lot se quedó como estatua de sal.

 

Consecuencias Bola de nieves. Cuando toma una  decisión fuera de orden, que parece inofensiva, y ésta trae una situación, tras otra, a tal punto que es como si no tuviera fin y se hace más grande a medida que pasa eltiempo,  tienes que inventar una y otra salida para sostenerla, terminas involucrando gente inocente. Ejemplo, Sansón, el Rey David (2 Sam. 11).

En los tiempos que  los reyes iban a la guerra, él decidió quedarse en palacio, y mientras daba una vuelta  por el tejado vió una mujer.  Todo iba a bien hasta aquí, el asunto es que le agradó, la mando a buscar y lo  que   pasó ese día empezó a  producir  un efecto mayor y mayor, saldo: un hombre y un niño, ambos inocentes, murieron.

Consecuencias Colectivas. Aquella que por desobediencia, inmadurez, ignorancia o codicia, de uno, pagan todos. El ejemplo, Josué cuando conquistó Jericó: El Señor le había dado instrucciones a Josué para conquistar Jericó y en Js. (6:18): No se queden con ninguna cosa que esté destinada para ser destruida, pues, de lo contrario, ustedes mismos serán destruidos por completo y traerán desgracia al campamento de Israel, pero uno llamado Acán decidió llevarse un par de cosas prohibidas y con esto provocó la ira de Dios en todo el pueblo (Josué 6-7).

No pienses que solo me refiero a esas decisiones trascendentales y relevantes de la vida, también a las cotidianas que te desafían ante la tentación que algo o alguien representa,  a detener esas conversaciones ocultas en redes sociales, que sabes no te llevarán a nada bueno, sí, entre otras “pequeñeces”,  esas también van.

Las consecuencias de nuestros actos se pueden convertir en  algo pesado que debemos cargar el resto de nuestras vidas; es ese “pero” que nos persigue hacia dondequiera que vayamos, como si tuviera un GPS.

No es tiempo de deshojar margaritas, sino de convertirnos en personas íntegras, responsables, enfocadas, maduras, y lo más importante, dispuesta a colocar a Dios primero en todo, así respaldará cada cosa que haga y más allá.

Recuerda, todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Gálatas 6:7

Bendiciones,

Agueda Suárez