Estos días de confinamiento parece que han puesto a más de uno creativo, pero te has preguntado, ¿De dónde sale todo esto? Seguro dirás: de la ignorancia, y tienes razón, pero he meditado tanto en esto, y creo que es un asunto que pasa desde hace muchos años atrás, y donde se mezcla la naturaleza misma del ser humano y algunas que otras cualidades que heredamos después la entrada del pecado al mundo, y no soy teóloga, pero igual te lo quiero compartir.

Naturaleza: Hay una esencia dentro de cada uno, crea o no crea en Dios, fuimos creados para adorar. Por eso leemos en los libros que los primeros pobladores, movidos por esa necesidad de adorar, hacían culto al sol, la luna y las estrellas, ¿quién se los enseñó?. Esa esencia, a través de la historia, ha llevado a muchas personas a inclinarse ante “cosas incorrectas”.

Necesidad de adorar cosas tangibles.  En momentos de crisis, tensión, incertidumbre, pareciera que la definición de Fe para mucho se hace  inconcebible. Según Hebreos 11:1  la fe es: la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, y si quieren un ejemplo bíblico:

el pueblo de Israel viendo que Moisés tardaba en descender del monte,  se acercaron a Aarón, y le dijeron: Levántate hazno dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos que le haya acontecido, y adoraron y se regocijaron con su becerro de oro (Éxodo 32:1-6)

 

Por último los sacrificios: eran de suprema importancia bajo el antiguo pacto,  pero en estos tiempos Dios no espera que mutilemos, cortemos nada para demostrarle que lo necesitas, al contrario, lo que espera es que entreguemos nuestro cuerpo como sacrificio  vivo, santo y agradable a El Rom. 12:1-2.

¿Qué hace la ignorancia, más el ocio,  el morbo, la superstición y la necesidad del Dios verdadero?  Que mezclen todo esto y salgan unas voces agoreras a anunciar cosas que parece te acercan con una fórmula casi mágica, a los niveles de fe que necesita para que el COVID o lo que sea que esté aconteciendo no te toquen (la hebra);

te ofrecen unos “atajos” que en vez de llevarte donde el Dios que todo lo puede, te entretienen, te exponen y al final te dejan en medio de la nada (el peregrino).

Dejémonos de cuentos, este tiempo está aconteciendo para darnos una oportunidad de reencontrarnos con Dios, el único y verdadero, suelta las supersticiones, la necesidad de tocar o portar algo para que vean que crees, o de esperar que salga de la boca de alguien más escuchar lo que Dios tiene para ti, tienes la oportunidad de ahí en la intimidad descubrirlo tú mismo; abriendo tu biblia y pedir entendimiento para escuchar su voz, abriendo tu corazón y declarar con tu boca que Jesús es tu salvador, para entonces empieces una vida con repercusión eterna que hay para ti.

Ni la hebra, ni el peregrino, ni la niña, ni el que se soñó, ni la adivina, te ofrecerá algo tan maravilloso, esperanzador, pleno y seguro que el Señor Jesucristo.

Déjate de cuento, busca de Jesús.  El que tenga ojos para leer, que lea.

 

Agueda Suárez